La muy desagradable expresión “cúpulas podridas” ha sido utilizada para hacer referencia a los dirigentes de los dos principales partidos políticos del pasado (AD y COPEI) que arbitraria y sectariamente tomaban las más trascendentes decisiones sobre los diversos tópicos de la vida nacional. Las resoluciones así tomadas no atendían, al menos, es la impresión casi generalizada, los intereses del colectivo. Unas pocas personas en Caracas resolvían hasta el más nimio de los asuntos del más distante caserío.

Hoy a propósito de las llamadas mega elecciones se ha puesto en evidencia que el partido de gobierno también esta manejado por cúpulas y, que además, están podridas. Es decir, hemos descubierto que todas las cúpulas están podridas.

En efecto, observamos como un pequeño cenáculo, si acaso no un solo hombre, designa, según su libre arbitrio, quienes serán los candidatos del Partido Quinta República a los distintos cargos de elección popular. Ello a pesar de que la novísima Constitución establece que los “organismos de dirección (de las asociaciones políticas) y sus candidatos o candidatas a cargos de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación de sus integrantes” (Art. 67).  Contemplamos también, como hoy, al igual que ayer la proximidad de las elecciones convulsiona el interior de los partidos políticos que integran la coalición que hasta ahora servía de soporte al proyecto chavista.

Este fenómeno, conocido en la coa electoral como “planchitis”, provocaba en el pasado las más bajas pasiones, desde vulgares refriegas tabernarias hasta cruentos enfrentamientos; aderezados con espolonadas, divisiones, capirotazos, enemistades, malevolencias, agresiones, acusaciones, etc. Hoy, todos somos testigos de cómo se repite la historia con escalofriante similitud. Así, como preludio de los acontecimientos posteriores, el Comandante Joel Acosta Chirinos, para entonces tercero en orden jerárquico dentro del partido de gobierno, anunciaba que los candidatos serían escogidos por la cúpula, ya que –justificaba el Comandante- la base de su partido “no estaba preparada” para escoger a sus candidatos. Semanas después -¡ironía de la vida!-, Chirinos protestaba la practica que previamente había anunciado y justificado, firmando, junto a otros dos de los comandantes, la esquela que configuró lo que se ha llamado la segunda rebelión del 4 de febrero y que para algunos no fue más que un motín originado en la marginación del poder al que eran relegados los firmantes. La misiva produciría, poco después, la baja más importante que ha sufrido el chavismo: la deserción del mismo Chirinos, junto a Urdaneta y Cárdenas; éste último, ahora candidato a la Presidencia de la República.

Otra de las manifestaciones de la “planchitis” la encontramos en el caso William Ojeda. Este, ante la preferencia de la cúpula por el Rangel júnior, ha proclamado una supuesta discriminación basada en consideraciones económicas a favor del hijo del Canciller, lo cual es curioso pues la discriminación estaría presuntamente encabezada por el Presidente de la República, que como todos sabemos, (aunque pocos, comprendemos) plantea una especie de apología de la pobreza,  hasta el punto de autoproclamarse un “pata en el suelo”. El episodio terminó con la postulación del Licenciado Ojeda como independiente y, al igual que en los mejores tiempos de AD,  con su consiguiente exclusión del partido; preterición que el otro Willian, el de apellido Lara, haciendo gala de un pueril y candoroso eufemismo, ha llamado “autoexclusión”.

Por su parte, Aristóbulo Isturiz, abruptamente se da cuenta y manifiesta que “Chávez ha dejado de ser el líder de todos para convertirse en el líder de Quinta República”. Contribuyó, sin duda a este descubrimiento de Isturiz, haber sido  ignorado para la llamada Alcaldía Mayor (la cúpula decidió que el Alcalde debería ser el periodista Alfredo Peña), pero quizás la circunstancia mas determinante fue que el Profesor constató que el hombre a quien tanto había defendido (incluso tenia un programa de televisión solo para estos menesteres, junto al economista y exdirector de la Revista Semana, Carlos Blanco) ni siquiera le llamaría  para agradecerle los favores recibidos. Mientras tanto su compañero de partido, el además de confeso, orgulloso golpista civil (ver su libro “Revoluciones”), Pablo Medina, retaba  públicamente al Presidente a que le diga si ellos son “amigos o enemigos”. Y es que el trato que han recibido, justifica la interrogante.

Pareciera que al igual que Aristóbulo y Medina, otros deberían formularse la pregunta. Así, el militar retirado, Sr. Gullon, ex-presidente de la Comisión de Defensa del Congreso, el mismo que el año pasado esgrimió la fascistoide tesis, según la cual deberían ser declarados traidores a la patria quienes emitieran declaraciones que afectaran económicamente al país, no obtuvo el apoyo de la cúpula y lanzo su candidatura sin la aquiescencia de quien antes era su aliado. Situación semejante se presenta con otro militar golpista que ha decidido disputarle la Gobernación a Hugo Padre. Se trata del Sr. Visconti, tristemente recordado por aquella participación en la Asamblea Nacional Constituyente en donde reclamaba a su para entonces correligionario, aunque poco querido (pues le llamó fundamentalista), Tarek Williams, que la noción de Derechos Humanos que éste supuestamente imponía en la Constitución, respondía a realidades distintas a la de nuestro país. Evidentemente nadie le ha dicho a Visconti que una de las características de los Derechos Humanos es su Universalidad.

Pero como pareciera que los políticos sienten especial inclinación por la cultura griega, la cuestión no podía reducirse a una simple comedia. Era preciso agregarle la pincelada fatal, para que alcance el estatus de tragicomedia. De modo que al margen de incidentes de menor monta como aquel reseñado en la primera página de un diario que describía los supuestos “sillazos” que le habrían propinado al masista Leopoldo Puchi, cuando éste le habría negado a alguien la posibilidad de una candidatura, encontramos hechos profundamente lamentables y que no debieron ocurrir nunca, como la muerte a tiros del prefecto de Vargas y el ajusticiamiento del Chofer de un candidato en el interior del país. Ambos eventos supuestamente originados en la disputa interna electoral.

Como se evidencia, la etapa de selección de candidatos no ha podido ser más traumática. Y las razones están a la vista. La falta de democracia y de reglas claras en la selección es la que produce la pugnacidad que hoy, al igual que ayer, todo el país presencia. La circunstancia de que una persona escoja al candidato con prescindencia de criterios objetivos, siempre dejara a los demás aspirantes descontentos. Por ello puede afirmarse que el fenómeno conocido como “planchitis” no es propio ni inherente al período preelectoral como, erróneamente, muchos piensan, sino que es una consecuencia, yo diría que apodíctica, de la autocracia y subjetividad dentro de los partidos. Así que los hechos lamentables, vergonzosos, bochornosos, a veces trágico e incluso repugnantes que se han presentado son evidencia, incuestionable, de la ausencia de democracia y reglas claras en el partido de gobierno. Es por ello que no nos equivocamos cuando antes afirmamos que todas las cúpulas están podridas.

Marzo de 2000

Por Juan Candelario

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Todas las cúpulas están podridas

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